La antropología de infraestructuras explicó mi vida
¿Cómo explicar lo que sentí cuando entendí que toda mi vida ha sido una lucha incesante contra infraestructuras públicas y privadas? (Y que, esto, obviamente, es una experiencia histórica amplísima en el sur global).
Crecí en un laberinto hecho de capas de concreto, olor a polvo levantado, humo de escapes de carros mezclado con cigarros y un gris infinito tendido a lo largo del camino, donde sobresalen los cerros, cada año más cubiertos de esa costra gris.

Este frágil entramado colapsa constantemente debido a múltiples factores, obligando a la gente a crear infraestructuras colectivas de emergencia, a hackearlo todo (estoy recolectando una lista de los incontables hacks que se hacen en este espacio).
No se confundan, esto no es una falla sino un comportamiento esperado y conocido del sistema. Por eso llamo a esto infraestructuras del daño, porque, para quienes las controlan, están diseñadas a administrar el colapso, no a resolverlo.
Para nosotros, normalización del fallo es una característica del sistema, incluso predecible. La solución es, necesariamente, soberanía infraestructural distribuida entre todos los miembros del entramado.