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30 may 2024

Mi desilusión con la academia tras estudiar el doctorado

Hace un mes presenté los avances iniciales de mi cuarto borrador de la tesis en un coloquio de la Facultad de Ciencias Antropológicas, junto a mis compañeros de generación. El tercer borrador tenía 362 páginas; la revisión actual podría quitarle cien. A veces no puedo creer que he tenido que «reescribir» cuatro veces este texto… pienso que, tal vez no he aprendido bien a escribir etnografía, o no he recibido suficiente guía, o es parte de un largo y tortuoso ritual de la academia.

Si pudiera resumir cómo pienso esta desilusión, sería como sigue:

  1. La academia en México funciona como una estructura jerárquica de reproducción de poder, medido en términos de prestigio.
    1. No es un lugar de generación de conocimiento, sino uno para acceder y reproducir a la élite intelectual regional y nacional.
  2. Los académicos más peligrosos son aquellos convencidos que su puesto puede hacer una diferencia en el mundo, pero en realidad, lo que hacen es convertir su prestigio en poder y dinero.
  3. La academia en México depende del Estado, y tiende, cada vez más, a no criticar la legitimidad de su existencia, sino a criticar su forma concreta, y si se atreve a proponer un cambio, es de naturaleza reformista.

Cuando digo que no es un lugar de generación de conocimiento, no implica que no se produzca ningún tipo de conocimiento en absoluto, sino que el que se produce sigue líneas y agendas políticamente mediadas. Esto ya ha sido muy estudiado y es extenso en sociología y antropología. Un ejemplo es la discusión generada a partir de Bourdieu [@bourdieu1988]. Relacionado, un conversatorio interesante sobre antropología disidente [@restrepo_etal2020]. También es interesante la crítica de David Graeber a los seguidores de la teoría foucaltiana del poder, y cómo teorías como esas son usadas por conveniencia de sus propias posiciones [@graeber2019, 81-83].

#Academia